Diana Fernández

Esta noche ha empezado la campaña electoral. Pedro Sánchez ha puesto buena cara ante las preguntas de sus adversarios y esa ha sido su respuesta para cuestiones cruciales que sus votantes deberían conocer. ¿Va a indultar el candidato del PSOE a los separatistas?, ha preguntado Albert Rivera. ¿Va a dimitir el señor Sánchez si finalmente se da una sentencia condenatoria por los ERE de Andalucía?, ha preguntado el dirigente naranja. ¿Descarta un pacto con Ciudadanos?, ha preguntado insistentemente Pablo Iglesias. Todas estas preguntas han quedado en el aire entre mueca y mueca de Pedro Sánchez.

Sánchez, que ha salvado los muebles de esta primera vuelta ha asegurado que quiere gobernar en solitario, ha planteado la opción de un gobierno socialista con independientes, pero sin cerrar la puerta de Podemos que ha socorrido a Pedro Sánchez mientras la derecha le acorralaba con la cuestión de Cataluña  pidiendo altura de miras alegando que lo que pasa en España tiene impacto mundial.

Sin lugar a dudas, el Iglesias del 15-M, el de la puerta del Sol, apenas se ha visto en este debate. Aunque ha dado frescura y no ha perdido su identidad, lo que era necesario para movilizar el voto frenado por la crisis interna del partido morado no ha ocurrido. Un Iglesias moderado y con la Constitución de escudo, sin mencionar la defensa de la unión de España, ha quedado muy alejado de aquel discurso que le llevó a la primera plana de la política nacional.

Pablo Casado y Albert Rivera han azotado fuertemente al presidente del Gobierno con la cuestión catalana mientras ambos se presentaban como compañeros y no como adversarios. Rivera ha hecho del plató su escenario para repartir a diestro y siniestro. Y Casado ha intentado demostrar que la corrupción es pasado y que él es el único futuro.

Aunque Rivera fue el dirigente de la derecha que lideró la noche, no supo atraer el voto de los indecisos que en esta ocasión supera más del 40%, sin ningún intento de recuperar el centrismo del que siempre ha hecho gala. Un Casado correcto, implacable con la corrupción y marcando una clara línea entre el nuevo y el antiguo PP, mostró su cara más presidencial  pero no consiguió alzarse como líder de centro derecha de la noche.

Quién ha ganado este debate sería la gran pregunta sin respuesta. Sobrevivió quien más posibilidades tenía de caer, Pedro Sánchez, que prometió una «moción de censura contra la crispación y por la convivencia». Se posicionó como líder de la derecha Albert Rivera, que le «dolía España», y se mostró decidido a gobernar con el PP.Casado afianzó su nombre en el presente y futuro dejando atrás la etapa de escándalos del PP. Y Pablo Iglesias se ahorró el mitin para presentar su tono más moderado poniendo en relieve que él ha sido víctima de las cloacas del Estado.