logo twMarcos H. De la Morena 

Cuando el recién nombrado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a la prensa, todo el mundo sabe que dará que hablar. Tras su encuentro con la primera ministra británica Theresa May esta misma tarde, Trump se sacó de la manga un adjetivo con el que nadie había descrito aun el proceso de  separación de Reino Unido de la Unión Europea: maravilla. Exactamente esa palabra. “El Brexit será algo maravilloso para tu país, una auténtica maravilla”, han sido las palabras textuales del hoy jefe de la Casa Blanca hacia su homónima inglesa. Para justificar estas “alabanzas”, Trump ha llegado a compararlo con su victoria electoral de noviembre, afirmando que: “los británicos tendréis vuestra propia identidad y tendréis a las personas que queráis en vuestro país, y podréis hacer tratados comerciales sin que tener a nadie que os esté controlando.” Además, el americano quiso recordar a modo de anécdota ciertas dificultades que le surgieron hace años tratando con el sistema burocrático de la UE, asegurando a May que “con la salida del club europeo, Reino Unido recupera su derecho a la autodeterminación.”

La conservadora primera ministra ha sido la primera líder extranjera en hacerle una visita al nuevo ‘hombre más poderoso del mundo’, con el que remarcó que tiene una “relación especial”. En parte su afirmación es correcta, ya que dentro del marco actual de los británicos, puede beneficiarles mucho este apoyo de Trump a sus aspiraciones separatistas, debido tanto a su posición a favor como en los tratados que pueden firmar de forma conjunta, para “cobijar” al Reino Unido bajo el ala de Norteamérica tras su salida de la UE.

El punto de mayor discordia entre los dos líderes ha sido la Alianza Atlántica, ya que Trump se ha referido a ella con “institución obsoleta”, mientras que May ha puntualizado que “la OTAN debe ser reconocida como gran baluarte de nuestra defensa colectiva”.

Por otro lado, también han llegado a discrepar en cuanto a las sanciones internacionales que se deben imponer a Rusia debido a su conflicto con Ucrania. En un primer momento, el mandatario estadounidense ha mostrado su cercanía hacia Moscú, aunque ha dejado claro que aún es pronto para decidir si la comunidad internacional debería levantarlas o no. Sin embargo, May ha defendido en todo momento el castigo a Putin y a su gestión de la situación en Crimea.

Por último, han tratado el tema de la tortura, en el cual esta vez sí, ambos son polos opuestos: la británica lo condena, mientras que Trump ha opinado que es efectiva. “Creo que funciona, lo he dicho durante un periodo largo”, ha afirmado.


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