Pedro Sánchez ya firmó la sentencia de muerte de su ministro de Ciencia, Pedro Duque, pero no lo sabía. “Si alguien de mi partido crea una sociedad para pagar menos impuestos, al día siguiente está fuera” aseguró el presidente del Gobierno en 2015. Ahora es el momento en el ejecutivo de la excelencia de comprobar una vez más donde tiene el filtro, el mismo que ha arrastrado a dos ministros y el mismo que presupone otras dos caídas.

Tal vez no. Tal vez Sánchez ha sido ahora consciente de las mochilas que arrastran en su equipo y seguir el listón que se marcó le llevaría a elecciones antes de lo previsto. Los más de 100 días del Gobierno de Sánchez han arrastrado purgas en la televisión pública, un intento de trampa para avanzar con los Presupuestos, y una lista de dimisiones.

La dimisión del ministro de Cultura, Maxim Huerta. La dimisión de la directora general de Trabajo por autorizar un sindicato de prostitutas. La dimisión de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, después de un indudable apoyo del presidente y de una rueda de prensa llena de incongruencias que vaticinaban la caída. De una clara conexión entre su ministra de Justicia, Dolores Delgado, y el hombre de las cloacas del Estado, el comisario Villarejo.  Sobre esto lo de “es un maricón” es lo menos importante, un ataque reconstruido en arma por el gobierno socialista para desviar la atención de lo importante, y lo importante es que la ministra mintió porque ha quedado más que acreditado que no solo coincidió con Villarejo en algún evento público.

Y entre que dimite y no, Sánchez cumple metódicamente diciendo que la apoya y que ese tal Villarejo no les marcará la agenda. Pero con todo y con eso Pedro Duque, el hombre que hizo historia,  gestiona dos casas con una sociedad patrimonial para obtener beneficios fiscales. La dimisión otra estrella de su cartera ya está encima de la mesa. Sánchez cavó su tumba. Veamos hasta donde llega esta vez el escrúpulo ético.