Diana Fernández@diana_Fedz


El nuevo periodismo se hace cómodamente desde un sofá. Así va. Así muere. Las reglas rotas de las nuevas tecnologías en un  mundo altamente globalizado, han dejado al periodismo a la altura de la inmediatez y la potencia mediática y es entonces cuando la verdad miente.

El periodismo se ha convertido en un dato a medias, en un copia y pega sin comprobación ninguna porque si caen uno caen todos los demás como las fichas del dominó. Ya no es el lenguaje fiel del reportero, de las llamadas , del rastreo y la búsqueda. El lenguaje de la calle. Ahora lo rige el credo de las redes sociales, del click, del morbo, del sexo y la muerte, a mansalva, porque eso garantiza visitas. Pero la audiencia acepta.

El nuevo periodismo es terriblemente aislado y aislante. Redacciones llenas de cientos de personas cuya misión es copiar el teletipo antes que otro para llevarse el tanto. Redacciones cuyos becarios dejan al frente de secciones como si esos estudiantes llegasen con todo aprendido, aunque sin el mismo sueldo. Con suerte no les toca pagar para trabajar. Pero ahí están, con sus ilusiones de llegar a ser unos periodistas fieles a la verdad. Pero se estrellan de frente con ella al ver los escasos lazos entre la forma de ejercer la profesión y como debería suceder.

El nuevo periodismo es presuntamente fuerte por la aparición de las nuevas tecnologías, pero se ha vuelto terriblemente frágil. Los periodistas que se amoldan a esta nueva fórmula están dispuestos a imprimir el estilo en la contienda y hacer que palabras sin ningún tipo de comprobación cojan altura y se conviertan noticia.

La mentira está ganando la partida. La masa crítica acepta como está montado el tinglado. El tinglado de mentira. En el que el nuevo estado de las cosas es un puñado de palabras letales que a saber quién y cómo se han escrito, sin respeto al lector, sin respeto a la verdad y sin respeto al periodismo. La profesión está cayendo en agua de borrajas. El periodismo necesita gritar, coger altura, pureza y volver a ser PERIODISMO.