Sagrario García Navajas, directora general de Láserpuntura

Se acerca el verano, lo tenemos a la vuelta de la esquina y el momento suele ser propicio para los buenos propósitos. Desde luego, de belleza. Pero, también de salud. ¿Qué hacemos con el tabaco? Porque incluso el cigarrillo suele apetecer más con el buen tiempo. ¡Vaya!

La ecuación no es fácil de resolver, y a quienes tratamos desde hace años esta adicción de efectos letales nos toca concienciar, quizá con más ahínco aún, de que para dejar atrás los malos humos es importante pedir ayuda, desarrollar un plan de acción, seguir una estrategia en definitiva, contar con profesionales.

Incluso desde firmas como Philip Morris se ha reconocido públicamente en su web que «existe un consenso médico y científico abrumador acerca de que el tabaquismo produce cáncer de pulmón, cardiopatía, enfisema y otras enfermedades graves «. No es ninguna exageración ni resulta ningún aviso alarmista. La Organización Mundial de la Salud calcula que las enfermedades relacionadas con esta droga matan a casi seis millones de personas al año; de ellas, medio millón son fumadores pasivos. Los datos son demoledores, en efecto, pero la cuestión es que las secuelas del cigarrillo, las más negativas, tardan tiempo en manifestarse y no es sencillo percibirlas.

Y aún así, hay elementos que se han transformado. En positivo. Los adolescentes que fuman ya han dejado de ser percibidos como sus compañeros como los más duros, o precoces, o sociables, como ocurría hace no tantos años. Esas etiquetas se han borrado y esto es esencial. Como se ha borrado la imagen de admiración que despertaban sobre los espectadores los presentadores de televisión o (más aún) las estrellas de Hollywood que se recreaban con el cigarrillo entre los dedos en una pose atractiva y seductora.

Sin embargo, hay algo que tenemos claro y con lo que trabajamos desde Láserpuntura en la aplicación de nuestras tres sesiones tras las cuales tenemos a un exfumador: es más fácil no empezar con esta droga que dejarla. Precisamente por eso, junto a la aplicación del láser combinado con las técnicas de la acupuntura, nuestra tarea psicológica va encaminada a frenar y vencer la propensión a las recaídas. Trabajamos en mantener la abstinencia, para que el fumador no vuelva al hábito casi sin darse cuenta. Es puro darwinismo: el proceso es lento y al final, ¡el que resiste gana!