logo twMarcos H. De la Morena 


¿Cuántas veces nos han dicho que no se acoge en España porque no hay dinero? Decenas ¿Cuántos discursos se han dado para excusarse por no recibir a refugiados de guerra? Cientos ¿Cuánto dicen que cuesta mantenerlos? Miles ¿Cuántas razones nos han dado? Muy pocas.

La pregunta que de verdad importa es: ¿Cuánto cuesta realmente que España acoja a refugiados de guerra? El cálculo estimado por la UE entre traslado, manutención, educación e integración suma cerca de 4.000 euros por persona en las condiciones marcadas por la legislación vigente, sin ningún gasto adicional. Si sumamos para los 15.000 que deberíamos haber acogido desde 2015 (de los que solo contamos actualmente cerca de 900), el resultado sería un gasto total de unos 60 millones de euros. Es decir, evitar que la situación de niños como Aylan desgraciadamente sean noticia le cuesta al estado español menos de lo que se gastó en construir la ruinosa Autovía del Duero (70 millones) o, en otras palabras, menos de un 6% de la deuda acumulada (que roza ya el total del PIB).

Por si estos cálculos fueran pocos, también hay que aportar un dato fundamental. De los 4.000 euros que se estima que costaría la acogida de un refugiado, la Unión Europea destina a cada país un fondo concreto para cubrir sus necesidades. En el caso de España, se destinaron 90 millones de euros, es decir, 6.000 por cabeza. Pero, ¿cómo puede ser que, si un refugiado le cuesta al Gobierno 4.000 y este ingresa 6.000, no se quiera acoger? La respuesta es más sencilla de lo que parece: España rechaza las peticiones de asilo. Según ACNUR, desde que la ‘crisis de los refugiados sirios’ lleva vigente, se habrían rechazado casi el 70% de las peticiones de asilo, y solo se habrían llegado a conceder menos del 2%.

En cálculos totales, si aquí se acogiera a quien se debe de acoger (es decir, a los 14.100 refugiados que faltan, como mínimo), las arcas del estado tendrían un beneficio neto de 30 millones de euros. En otras palabras, España ganaría dinero por realizar esta acogida, que por otro lado es obligatoria para todos los países bajo mandato expreso de la UE.

Poniendo datos fríos sobre la mesa, Alemania, por ejemplo, ha acogido ya a más de un millón de personas que huían de la guerra desde 2015. En concreto, 1.103.000. A Canadá en los últimos tres meses han llegado 25.000 sirios. Brasil tiene visados humanitarios especiales desde hace tres años para gente que huye de la guerra de Siria y sus consecuencias. O en Portugal se ofrecen becas para alumnos afectados por conflictos bélicos, con el objetivo de que puedan continuar sus estudios.

La perspectiva hace evidentes las diferencias éticas entre nuestros colegas europeos. Ser solidario no es levantar vallas para “proteger tu patrimonio”, es evitar que miles de seres humanos mueran por una guerra injusta.