logo twMarcos H. De la Morena 

El portugués Antonio Guterres, actual secretario general de las Naciones Unidas, ha decidido calificar el último ataque coordinado entre Rusia y el régimen Sirio como un “crimen de guerra”, al tratarse de un bombardeo con armas químicas.

Sin embargo, desde el Kremlin han negado ser responsables y han aludido a que los aviones bombarderos fueron únicamente de Bachar el Asad, líder del gobierno sirio, fueron quienes bombardearon la localidad de Jan Sheijun, en la provincia de Idib y que se encuentra bajo control rebelde. En este ataque han muerto más de 70 personas, entre las que se encuentran una veintena de niños, afectados por las explosiones y los agentes químicos que contenían.

Según la versión expuesta por el gobierno ruso, no hubo ataque químico sino que los gases letales procedían de «un almacén donde los rebeldes guardaban proyectiles cargados con agentes tóxicos» y que fue alcanzado por los bombarderos del régimen. La portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Maria Zajarova, ha añadido que no aceptan la acusación de la ONU y que tomarán medidas legales: «Su defecto es anticipar los resultados de la investigación y señalar a los culpables».

Tanto Reino Unido como Francia y EEUU han condenado de forma directa el bombardeo, al igual que la OTAN y la propia ONU. Además, el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos ha asegurado tras sus investigaciones, que los agentes químicos fueron lanzados desde el aire, por lo que el argumento ruso se desmorona. «Creemos que la cifra de fallecidos va a seguir aumentando porque hay muchas personas desaparecidas», ha afirmado su portavoz aludiendo a los afectados por el ataque.


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