La vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida, decía Oscar Wilde. Y así fue como Ochoa abanderó las pinturas de las vanguardias y el modernismo entre 1916 y 1930 para adelantarse a la revolución de las mujeres que vive occidente, siendo un visionario de la época, perturbando la realidad de antes para adelantarse a la realidad de ahora y postularse como “el pintor de las mujeres”.

Enrique Ochoa comenzó en el mundo de las artes ilustrando revistas y terminó haciendo inmortal la prosa y la música. José Estevez, presidente de la Fundación Enrique Ochoa, quiso divulgar la obra del que fue su abuelo, el mismo que ilustró los 22 volúmenes del poemario de Rubén Darío. Pero ese no fue su salto a la historia. Lo fue por “sus pinturas de mujer”.

Mientras un café acompaña la conversación en el Club Alma, donde está la exposición de Ochoa, Estevez hace hincapié en que “sus obras están más de moda que nunca ahora que vuelve la mujer liberal y profesional”. Y es cierto que la nueva revolución de la mujer ha sido un incentivo para el éxito que está teniendo la exposición de las obras de Ochoa. “Se puede utilizar como reivindicación a la mujer. Es la manera de trasladar  la pintura de la época a los tiempos actuales”.

Uno de los testigos más prestigiosos del mundo reconoció su arte. Su obra, ‘La maja’ ganó el premio de la Bienal de Venecia en 1936. Antes de ello, fue víctima de la censura en plena dictadura de Primo de Rivera y fue encerrado en el castillo de Figueras. Tal vez por pintar ‘La dama chic’ una mujer de la belle epoque sin ropa interior o ‘La Cosmopolita’ una mujer desatada de los convencionalismos de entonces.  ¿Cuál es la obra de Ochoa por excelencia?. “Además de ‘La maja’, en la pintura abstracta diría ‘El pájaro de fuego’, basada en la Sinfonía de Stravinsky” relata Estévez.

“La obra de Ochoa es inolvidable” no por su hueco en la historia, que también, sino por la calidad de sus matices. “Una vez que has visto su obra, no olvidas ese tipo de pintura. Es lo bueno del arte, que es inmortal”.