logo twMarcos H. De la Morena 


Cuantas cosas se han dicho este último mes sobre Cataluña y su referéndum. Muchas. Muchísimas. Y con ellas, también muchos sesgos, muchas falacias, algún que otro insulto, y como siempre, muy pocas verdades. No diremos, por supuesto, que lo que a continuación se desarrolla sea la certeza absoluta de la situación, pero sí intentaremos darle un enfoque de trasfondo algo diferente.

Dibujemos la escena: En un campo, dos machos cabríos. Aclararemos que cuando decimos “el cabestro”, nos referimos en realidad, a dos. Creo que todos sabemos a quién nos referimos, por lo que no será necesario ponerles nombre. Siguiendo con la historia, ambos convivían en cierta paz hasta hace unas semanas. Se trataba de una calma tensa, eso sí, pero calma al fin y al cabo. Pero claro, en algún momento, la hombría de cualquiera de los dos saldría a relucir. Y por culpa de ello, ambos ‘cabestros’ decidieron darse cita un domingo 1 de octubre, para medirse las cornamentas…

El resultado, por desgracia, también lo conocemos. Ahora, la pregunta: ¿Por qué lo de ‘electoral’? La respuesta es tan obvia como parece. Y es que, desde Barcelona y Moncloa, los dos viven por y para (el voto de) sus ciudadanos. Sin embargo, parecen haberse roto un cuerno, o posiblemente los dos. El señor President, ‘héroe sin capa’ del independentismo catalán, dejó muy claras sus intenciones al permitir que fuese el pueblo llano quien se llevase los palos (y nunca mejor dicho) por él. Miró más un posible mandato estatal que lo que tenía de frente. Pero tranquilos, que el pertinaz habitante de Génova tampoco se le queda atrás. Hizo lo que tan bien sabe hacer y que, queramos o no, siempre hace: esconder la cabeza bajo tierra y esperar a que pase el sofoco. Si antes ha funcionado y le ha reportado votos, “¿Por qué no ahora?”, debió pensar.

Salen tocados ambos de esta particular contienda, por supuesto. El primero, nunca llegó a tener legitimidad suficiente para convocar a sus ciudadanos a un acto fuera de la ley (que el referéndum sea necesario o no, lo discutiremos en otra ocasión), y es posible que vaya a la cárcel por ello. Queda en manos de las autoridades judiciales, queremos pensar. Mientras, el segundo hizo caso omiso tanto del clamor popular como del resto de partidos, y cerró la boca de tal modo que al final fue imposible no hablar. Eso sí, sin después responder ninguna pregunta (gesto habitual por su parte). Probablemente este no irá a la cárcel, pero, con los apoyos prácticamente retirados, la calle en contra y más problemas a sus espaldas, lo que sí parece muy posible es la situación le estalle en forma de elecciones anticipadas o de nueva moción de censura.

Definitivamente, la historia nos conduce a tres dudas: ¿Se les castigará por luchar para ver quien tiene los… cuernos más grandes? Lo veremos. ¿Se disculparán? Vaya, esa pregunta no procede. ¿Se podría haber evitado esta esperpéntica situación? Por supuesto.