“La deuda”, presentada en el pasado 18º festival de Málaga de Cine Español,es uno de los estrenos españoles de la temporada.  Carlos Bardem, su protagonista, nos cuenta cómo ha sido la preparación del personaje, así como sus impresiones acerca de la sociedad, haciendo una crítica a las elites financieras y explicando que para que haya un cambio hay que empezar desde abajo: “hay que dejar de mirar hacia arriba esperando a que nos solucionen la vida, hay que mirar a la gente a los ojos” -asegura.

¿Cómo se ha preparado para este personaje a nivel emocional?

-Hablando  mucho con Barney, el director. Mi personaje es un miembro de las élites económicas locales, que son cómplices de la gran estafa global de estos tipos que deciden siempre sobre la vida de los demás. Estas grandes mafias financieras que dominan el mundo ayudan a convertir las personas en apuntes contables. Es una película muy valiosa, te permite ver todo el proceso desde cómo dos tipos empiezan un negocio en un despacho de Wall Street hasta cómo eso acaba destruyendo la vida de una familia en un valle. Realidades sociales separadas por  miles de kilómetros, y el valor de esta película es que te enseña ese viaje. Toman decisiones inmorales pero legales. Alteran la vida de esa  gente que, a día de hoy, llenan los comedores sociales en ciudades como Madrid o Barcelona; personas que piden ayuda  porque la vida que llevan está provocada por los tipos) sobre los que incide esta película. Porque a lo mejor ni siquiera han puesto un pie en Madrid  o Barcelona pero tienen un despacho en Wall Street.

“Hay que empezar a entender a la gente que tiene los mismos problemas que tú”

P: Barney contaba que quería un hombre con aspecto del Este, dice que le convenció para ser Caravedo, ¿cómo fue esa conversación?

R: La idea era un hombre de apariencia nórdica, para manipular a los indígenas y mostramos a alguien que es como ellos. El discurso de mi personaje es: ‘yo soy como vosotros, busco lo mejor para vosotros’. En el fondo, este tipo que parece ser uno de ellos es el cómplice de los que toman decisiones en el despacho. Al final estamos hablando de gente que no tiene otra patria que el dinero, que no tiene otra amistad que sus cómplices en  el negocio de engañar y estafar.

P: Su personaje carece de prejuicios y va contra su propia gente, ¿cómo se vive esa situación?

R: La cosificación de las personas lo utilizaron muy bien los nazis. Cortarles el pelo a todos,  ponerles un número para robarles la identidad, saquear nuestros países para enviar gente a los comedores sociales, para desahuciar a las personas. Para eso lo mejor es convertirlo en un número, en una cifra. Estamos hablando de un avance de negocio, de cómo tú puedes quebrar un país entero. Para hacer eso primero tienes que ser un sociópata y dejar de ver a las personas como personas y convertirlas en cosas. Es lo que vivimos día a día. Eso viene también de una cosa bastante perversa que es el modelo neoliberal, el darwinismo social que si  tú no triunfas, si tú eres pobre, es porque tú no vales, eres tonto o no te esfuerzas, y no es así. Estos dos factores ayudan a ver las cosas que vemos en los telediarios, (como) esto pasa aquí en España. Convertir las personas en números para destrozarlas.

“Lo que quieren es que nadie opine, que nadie rompa el discurso oficial”

P: ¿Hasta qué punto somos libres?

R: El gobierno socialista, en connivencia con el gobierno actual, modificó en un mes de agosto el artículo 135 de la Constitución para consagrar la prioridad en el pago de los intereses de la deuda, antes que mantener la sanidad, la educación pública (punto). Lo que pasa es que se muestra de una manera muy amena, el proceso de una decisión, desde que se genera en un despacho hasta que tu hijo se queda sin plaza en un colegio o tu madre no tiene cama en un hospital.

Pregunta: la película muestra el precio de las personas, los límites que son capaces de sobrepasar, las situaciones a las que  se enfrentan, ¿cómo se afronta eso en la vida fuera de la película?

R: Hay que dejar de mirar para arriba y que te solucionen la vida, y empezar a mirar a los ojos a la gente que te rodea, a la gente que está como tú. Unidos somos muchos más y unidos deberíamos poder con ellos. Por eso su gran truco es convencernos de que eso de las clases sociales es algo marxista del siglo XIX, y que todos tienen las mismas posibilidades y que tus intereses son los mismos que los de un banquero, mentira.  Hay que recuperar el concepto de clase y empezar a entender a la gente que tiene los mismos problemas que tú, y unirte con ellos, y empezar a generar un cambio desde abajo.

“Estamos hablando de gente que no tiene otra patria que el dinero”

P: ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando se critica que los actores se impliquen con las situaciones de a pie de calle?

R: Me causa risa y me genera desprecio. Hubo un sabio que se llamaba Fernando Fernán Gómez y dijo “el gran pecado de este país es el desprecio”. Aquí cuando alguien se sale de la manada, o cuando alguien sobresale o expresa opiniones propias, enseguida la defensa del sistema salta a través de sus medios o tertulianos, y esa defensa es despreciar a la gente. No tengo que explicarle a todo el mundo que soy licenciado en historia, a parte de actor, y aunque no lo fuera, tengo mis derechos a opinar libremente.  Lo que quieren es que nadie opine, que nadie rompa el discurso oficial, y por eso atacan, y en este país cuando atacas a alguien lo hacen despreciable.